"Históricamente la expresión “palabra de Dios” comienza a tener el sentido que le damos dentro del cristianismo en el momento en que podemos decir que “Dios nos habló en sentido propio a través de Aquel que es su palabra... Ante esta “locución divina” definitiva todas las anteriores palabras no son más que aproximaciones o balbuceos... Tomando todos los libros del AT en conjunto, la Iglesia prácticamente los escribió de nuevo al incorporarlos a la predicación evangélica. De esta forma les dio una interpretación nueva y casi un sentido tan original que los judíos “hasta el día de hoy, cuando se lee la ley de Moisés, tienen un velo sobre su corazón” (2 Co 3, 15).
Los judíos no comprenden la lectura que nosotros hacemos del AT, sencillamente porque nosotros hemos fijado su sentido... Cristo hizo desaparecer el velo (2 Co 3, 14)". De acuerdo con esta visión del AT, desde la revelación que se manifiesta en el N, podemos admitir la interpretación que hace Rahner de la inspiración, aunque en ella no aparezca tan clara la acción del Espíritu sobre el hagiógrafo: Dios quiere a la Iglesia primitiva como fuente y norma de la fe de los tiempos posteriores; esto está exigiendo la fijación por escrito de esa convicción de fe. Estos escritos, por consiguiente, son queridos por Dios de manera absoluta, en cuanto objetivación de la fe apostólica, normativa para todos los tiempos. El hecho de que Dios quiera esos escritos es lo que le constituye en autor real de los mismos.

Los apóstoles encerrados a cal y canto en el cenáculo viven con miedo a los dirigentes religiosos que condenaron a Jesús. Pero Jesús entra en esa fortaleza creada por el miedo y les dice que no es necesario ese miedo, que Él está con ellos. Nosotros, hoy, ahora, también tenemos miedo. Hay muchos problemas: la crisis, el desempleo, el hostigamiento a los cristianos desde muchos lados. “No tengáis miedo”… eso mismo nos dice a nosotros. Sabemos que Él estará con nosotros hasta la consumación de los tiempos. La Pascua es tiempo de alegría y Jesús nos trae ese gozo porque Él venció a todo aquello que nos asusta…

